miércoles, 25 de abril de 2007

El Ser "Humano"

En muchas ocasiones intentamos convencernos a nosotros mismos de que hacemos las cosas bien. Y que como "somos así" pues son así, y punto.
Que cuando nos enfadamos, tenemos razón.
Que cuando sufrimos, hay dolor.
Que cuando nos equivocamos, somos humanos.
Que cuando perdemos los nervios, es normal.
Pero, sin embargo, cuando es nuestro prójimo quien pierde la compostura, nosotros mismos, jueces de la naturaleza, nos tomamos la libertad de enjuiciar, calificar, sentenciar y condenar a éste por sus debilidades.

Hace poco leí una frase que me gustó mucho, desde entonces, tal gesto, evito que salga de mi cuerpo. (Humano, siempre, hay que decirlo.)

"Cuando señales a alguien con el dedo, recuerda que otros tres dedos de la misma mano te estan señalando a ti al mismo tiempo"


3 comentarios:

María Comella dijo...

cuanta razón tienes Pazita, nerviosa me pone toda esa gente que me dicen: pues mira...esque yo soy así!

La cosa va a de 'amoldarse', palabra que lleva dando vueltas en nuestra vida hace años ya...

Quiero que escribas cosas de tu corazón. De esas que me gustan más a mí...

Anónimo dijo...

Holaaaa!!!

ooohhhh me encanta como escribes! tu tmbien eres poeta, como joo!! jajajaja!

Bueno, pos jo me kdo con la ultima frase, la de el dedo que señala, pero a la vez, ay tres dedos, que te estan apuntando hacia ti, hacia tu corazón!

No abandonare tu blog, ni tu amistat! jejejejeje

...Deja que tus sueños sean olas que se van libres como el viento...

besitoosssss

J.lopez

Anónimo dijo...

Nose porque, pero me atrevo a decir que este texto esta inspirado en ciertos días que pasamos en un pueblecito al pie de las montañas.

Creo que aqui se destacan dos cosas. En primer lugar hablas de como justificamos nuestros defectos, en gran parte, recuriendo a la humanidad, y en consecuencia, a la imperfeccion del hombre. Y es cierto que no somos dioses, pero eso no creo que nos de el derecho de conformarnos y de no querer mejorar.
En segundo lugar, me da la sensacion que quieres transmitir esa caracteristica tan frecuente del hombre que es evitar sus defectos mencionando los del prójimo. No debemos porque precisamente no somos dioses, enjuiciar al otro, pues como me dijeron, no llevas puestos sus zapatos y no podrás jamás haber vivido su vida.

Silvia