Anoche soñé que iluminabas mi camino
Anoche sentí por primera vez algo nuevo
Sentí que con esa luz podía encontrarme
Anoche me cambiaste la vida
viernes, 23 de noviembre de 2007
sábado, 10 de noviembre de 2007
Esta carta, comenzaba hace un momento
por un “Querido...” pero lo que quería
decir era algo que ocultaba la verdad,
de tal modo que aquí se queda,
llamese “olvido”, llamese “anonimato”,
llamese “sin destinatario conocido”.
Te sorprenderá este pequeño detalle,
pero a veces siento la necesidad de expresarle
a las personas que aprecio cosas que hablando,
por mi manera de ser, me es practicamente imposible.
A veces, como es tu caso, la distancia o el tiempo sin hablar,
no son los únicos motivos que puedan dejarme vencer
por la falta de comunicación,
sino que otros variables pueden influir y mucho.
Te hablo de inseguridades, falta de amor propio o simplemente timidez.
Por escrito, somos capaces de reflexionar nuestras palabras,
decir exactamente aquello que sentimos,
sin que nada pueda hacernos callar,
y al menos en mi caso, abrir más el alma que la mente.
Hace ya años que te conocí, y aunque son bastantes,
sé que no puedo decir que te conozco, ni tu a mi.
Pero sí sé que eres especial.
Tenía 14 años cuando sentí tu amistad
y algo me hizo crecer durante aquel año.
A día de hoy no sé bien, si me enamore de tí
o si era únicamente una amistad intensa
lo que me hacía sentir bien.
Voy camino de los veintiuno, y nunca he dejado
de sentirte cerca.
Una llamada tuya ha sido siempre sonrisa asegurada,
volver al pasado unos minutos, y luego relatar el
presente en pocas palabras, optimistas sin lugar a dudas.
Si hoy me preguntasen qué eres para mí,
les diría que todo lo que siento las palabras no lo expresan,
y un silencio acomodaría mi respuesta.
Si es amor o amistad dudo que lo primero
llegue a tus oidos, pues lo imposible es lo que
me hace temblar, y siempre serás mi
cosquilleo en el estómago, mi pequeño no-logro,
un amor camuflado en amistad
del que nunca quiero deshacerme,
y si lo hago, espero sea desvelando mi pequeña y personal confidencia.
por un “Querido...” pero lo que quería
decir era algo que ocultaba la verdad,
de tal modo que aquí se queda,
llamese “olvido”, llamese “anonimato”,
llamese “sin destinatario conocido”.
Te sorprenderá este pequeño detalle,
pero a veces siento la necesidad de expresarle
a las personas que aprecio cosas que hablando,
por mi manera de ser, me es practicamente imposible.
A veces, como es tu caso, la distancia o el tiempo sin hablar,
no son los únicos motivos que puedan dejarme vencer
por la falta de comunicación,
sino que otros variables pueden influir y mucho.
Te hablo de inseguridades, falta de amor propio o simplemente timidez.
Por escrito, somos capaces de reflexionar nuestras palabras,
decir exactamente aquello que sentimos,
sin que nada pueda hacernos callar,
y al menos en mi caso, abrir más el alma que la mente.
Hace ya años que te conocí, y aunque son bastantes,
sé que no puedo decir que te conozco, ni tu a mi.
Pero sí sé que eres especial.
Tenía 14 años cuando sentí tu amistad
y algo me hizo crecer durante aquel año.
A día de hoy no sé bien, si me enamore de tí
o si era únicamente una amistad intensa
lo que me hacía sentir bien.
Voy camino de los veintiuno, y nunca he dejado
de sentirte cerca.
Una llamada tuya ha sido siempre sonrisa asegurada,
volver al pasado unos minutos, y luego relatar el
presente en pocas palabras, optimistas sin lugar a dudas.
Si hoy me preguntasen qué eres para mí,
les diría que todo lo que siento las palabras no lo expresan,
y un silencio acomodaría mi respuesta.
Si es amor o amistad dudo que lo primero
llegue a tus oidos, pues lo imposible es lo que
me hace temblar, y siempre serás mi
cosquilleo en el estómago, mi pequeño no-logro,
un amor camuflado en amistad
del que nunca quiero deshacerme,
y si lo hago, espero sea desvelando mi pequeña y personal confidencia.
lunes, 5 de noviembre de 2007
La confianza y la decepción son sentimientos
que pueden unirse, en ocasiones, creando una
mezcla de hastio, tristeza y reconducción de lo pasado.
Cuando las cosas pasan, dicen, pasan por alguna "extraña" razón.
Sin embargo, en repetidas, conocidas
y casi me atrevería a decir, esperadas , ocasiones,
lo que pasa es que siempre pasa lo mismo,
entonces, es cuando uno comienza a darse
cuenta de que, probablemente, el problema no sean
los demás, sino uno mismo.
Ese amargo momento, descrito fugazmente, podría traducirse
en instante desesperado, sin salida.
Y es que no hay respuesta, por la simple y primaria
razón de que cuando creemos que nuestros sinsabores
los causa otro podemos culparle, burlarle,
analizarle e incluso odiarle.
Ahora bien, si tras muchos traspiés, bofetadas y golpes,
uno se da cuenta que todo sucede por
su forma de dar, hacer o no hacer. (art.1088 C.c)
la única forma de seguir es aprendiendo
a volar con la mente, a creer algo que nadie cree
y a seguir soñando, pues ya es sabido, será lo único que nunca
nadie podrá robarnos.
Pienso y vuelvo a pensarlo y reitero, lo único.
que pueden unirse, en ocasiones, creando una
mezcla de hastio, tristeza y reconducción de lo pasado.
Cuando las cosas pasan, dicen, pasan por alguna "extraña" razón.
Sin embargo, en repetidas, conocidas
y casi me atrevería a decir, esperadas , ocasiones,
lo que pasa es que siempre pasa lo mismo,
entonces, es cuando uno comienza a darse
cuenta de que, probablemente, el problema no sean
los demás, sino uno mismo.
Ese amargo momento, descrito fugazmente, podría traducirse
en instante desesperado, sin salida.
Y es que no hay respuesta, por la simple y primaria
razón de que cuando creemos que nuestros sinsabores
los causa otro podemos culparle, burlarle,
analizarle e incluso odiarle.
Ahora bien, si tras muchos traspiés, bofetadas y golpes,
uno se da cuenta que todo sucede por
su forma de dar, hacer o no hacer. (art.1088 C.c)
la única forma de seguir es aprendiendo
a volar con la mente, a creer algo que nadie cree
y a seguir soñando, pues ya es sabido, será lo único que nunca
nadie podrá robarnos.
Pienso y vuelvo a pensarlo y reitero, lo único.
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