La confianza y la decepción son sentimientos
que pueden unirse, en ocasiones, creando una
mezcla de hastio, tristeza y reconducción de lo pasado.
Cuando las cosas pasan, dicen, pasan por alguna "extraña" razón.
Sin embargo, en repetidas, conocidas
y casi me atrevería a decir, esperadas , ocasiones,
lo que pasa es que siempre pasa lo mismo,
entonces, es cuando uno comienza a darse
cuenta de que, probablemente, el problema no sean
los demás, sino uno mismo.
Ese amargo momento, descrito fugazmente, podría traducirse
en instante desesperado, sin salida.
Y es que no hay respuesta, por la simple y primaria
razón de que cuando creemos que nuestros sinsabores
los causa otro podemos culparle, burlarle,
analizarle e incluso odiarle.
Ahora bien, si tras muchos traspiés, bofetadas y golpes,
uno se da cuenta que todo sucede por
su forma de dar, hacer o no hacer. (art.1088 C.c)
la única forma de seguir es aprendiendo
a volar con la mente, a creer algo que nadie cree
y a seguir soñando, pues ya es sabido, será lo único que nunca
nadie podrá robarnos.
Pienso y vuelvo a pensarlo y reitero, lo único.
lunes, 5 de noviembre de 2007
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